Recuerdo que aquella mañana del 17 de octubre llegue tarde, (nada nuevo en mi, es un don que la verdad a veces he creído que Dios tuvo alguna razón para habérmelo negado); la clase iniciaba a las 9 am, justo 20 minutos después estaba cruzando la puerta.
De primera vista parecia una maestra más de aquel lugar, donde rondaban personas uniformadas al mero estilo de una academia militar, playera azul rey, lentes, pantalón de mezclilla y tenis tipo convers, nada fuera de lo común.
Así transcurrían las primeras horas de la clase, hasta que un par de palabras se cruzaron para inciar una nueva etapa de mi vida...
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